
Comisario: Juan Bordes Para el comisario de la exposición, los grabados de Francisco de Goya incluyen "denuncias a los horrores de los dos bandos de la guerra", hecho que, en su opinión, "universaliza su mensaje". Las estampas de Goya contienen una anticipación de la visión fotográfica, al adelantar el lenguaje de la instantánea con recursos plásticos que anuncian la estética del fotoperiodismo y suponen un "punto de inflexión" en la guerra, cuyas imágenes hasta ese momento sólo se utilizaban para ensalzarla y no para denunciar sus horrores. Con su aparición a mediados del siglo XIX, la fotografía se convirtió en un mecanismo más de narración en imágenes, de reflexión sobre la vida de la época y, por tanto, otra herramienta de crítica contra los diferentes conflictos bélicos en los que se mezcló para ofrecer de primera mano la irracionalidad de la guerra y de sus consecuencias. A partir del núcleo inicial de aquella muestra, el CAAM invita a su comisario Juan Bordes a realizar un proyecto más amplio en el que conviven los grabados de Goya y las fotografías de Eugene Smith, Centelles, Cartier-Bresson, John Burke, George N. Barnard, Robert Capa o Gervasio Sánchez. Ellos son sólo algunos de los fotógrafos cuyas imágenes se mezclan con las litografías de Goya manteniendo vivo su espíritu de denuncia y conduciendo al espectador por la crudeza de cualquier conflicto, no importa que sea la Guerra de Crimea, Cuba, la II Guerra Mundial, Sudáfrica o Vietnam. Goya, cronista de todas las guerras incluye la serie de "Los Desastres", en su primera edición realizada por la Academia en 1863, y dos de sus planchas originales, un resumen audiovisual sobre la historia de la fotografía de guerra, además de una selección de imágenes del archivo fotográfico sobre la Guerra Civil Española conservada en la Biblioteca Nacional. La exposición contiene también, estampas de "Las ruinas de Zaragoza" realizadas por Fernando Bambrila y Juan Gálvez, quienes acudieron junto al artista aragonés a la invitación del general Palafox para contemplar las consecuencias del Primer Sitio por las tropas francesas a la capital aragonesa. La fusión entre aguafuertes y fotografía documental en un montaje expositivo cuyo diseño incorpora recursos audiovisuales, da coherencia a la línea de reflexión sobre la hibridación de lenguajes visuales iniciada en torno al cartel y el fotomontaje de Josep Renau.
Fotografías de guerra
Interpretación de los Desastres Como explicación muy sintética de cada uno de Los Desastres, se resumen a continuación las interpretaciones de los principales investigadores que han estudiado particularmente esta obra de Goya, y cuyas referencias bibliográficas se incluyen al final del texto. Sin embargo, el más amplio análisis individualizado de las estampas de esta serie, con una discusión sobre sus pruebas de estado y su fortuna crítica, ha sido realizado por José Manuel Matilla en El libro de los Desastres de La Guerra Francisco de Goya. Volumen II (Madrid, 2000).
Una avalancha de monstruos y quimeras, que representa la invasión francesa, acecha desde la oscuridad del fondo a un miserable que representa al pueblo; solo éste previo y adivinó lo que sucedería, mientras los políticos permanecían ciegos (Mélida, 1863). Esta imagen, a pesar de ser la introducción a la serie no es de las primeras que realizó Goya (Dogson, 1933). Su iconografía es una secularización del tema religioso de "Cristo orando en el huerto" (Sedlmayr, 1948). Por la relación de esta estampa con la 69 se sitúa en el contexto de los "caprichos enfáticos" (Lafuente Ferrari, 1952).
La lucha cuerpo a cuerpo de los dos civiles que se encaran a los fusiles de los soldados, los ciega "la sed de venganza que no les deja ver el peligro. Esta imagen es la síntesis del alzamiento" (Mélida, 1863). Goya destaca que los españoles ni son soldados, ni llevan fusil (Lafuente, 1952). El título es la expresión de las dudas que albergaba Goya sobre el levantamiento del pueblo, en el que se amparaban los sectores más reaccionarios de la sociedad española. (Dérozier, 1976).
Goya destaca la participación de la mujer en el levantamiento del 2 de Mayo (Mélida, 1863). Varias crónicas refieren el encarnizamiento con el que las mujeres intervinieron en los acontecimientos de la Puerta del Sol, donde algunas se arrojaron entre las patas de los caballos para hacer caer a los militares a quienes los hombres remataban (Lecaldano, 1975). En los Desastres los pocos papeles positivos se los atribuye a la mujer, como heroína o como alegoría de la Verdad (Hofmann, 1980).
Muestra la furia con la que luchan las mujeres, incluso con su hipo a cuestas (Brunet, 1865). Goya utiliza a la mujer para acentuar la espontaneidad popular (Lafuente, 1946). Destacan las armas rudimentarias que utilizan las mujeres de la escena, lo que refuerza su coraje (Lecaldano, 1975). La maternidad como justificación de la furia femenina, es en cierta medida una degradación del valor de la guerrillera, al resaltar el instinto animal de la maternidad que actúa sólo cuando su cría está amenazada (Volland, 1993).
Aguafuerte, aguatinta, punta seca, buril y bruñidor
Otra escena de resistencia de la mujer, quien se defiende con los medios más elementales ante la brutalidad del invasor. Goya dio imagen a los relatos espeluznantes que andaban de boca en boca (Lafuente, 1952). La mujer con la cabeza caída hacia atrás significa el dolor físico por excelencia y responde al concepto del pathos en el arte de finales del siglo XVIII. Destaca él valor dramático de la arquitectura (Hofmann, 1980).
Soldados despojando los cadáveres en el campo de batalla (Piot, 1842). La vergonzosa operación es todavía más repugnante por la fría negligencia con que los soldados manejan los cuerpos inertes (Lecaldano, 1975). Similitudes y diferencias con la estampa de Callot "La venganza de los campesinos" (Hohl, 1980). El noble tratamiento de los cuerpos desnudos recuerda intencionadamente al de Cristo muerto en las representaciones tradicionales de la Piedad (Pérez-Sánchez, 1982).
Terribles y cobardes mutilaciones. No sabemos si son franceses o españoles los que cometieron la salvajada de desmembrar así uno de los cadáveres. Pero por los rasgos de la cabeza, con anchos pómulos y bigote, suponemos que la barbaridad ha corrido a cargo de guerrilleros españoles (Lafuente, 1952). Otro árbol degradado y convertido en la vitrina de una matanza, colgando miembros como despojos, de hombres que poco antes eran seres palpitantes y pensantes (Lecaldano, 1975). La estampa es un emblema de la irracional crueldad que subyace en toda la serie (Tomlinson, 1989).
Como consecuencia del hambre muchos madrileños morían de inanición en la calle. En esta estampa figura la recogida de cadáveres por las calles de Madrid para llevarlos al cementerio (Brunet, 1865). El título además de describir literalmente la acción hace alusión a Álvarez de Castro, el heroico defensor de Gerona, que dijo lo mismo cuando un oficial a su mando le preguntó que a dónde debían retirarse en caso de fracaso en la defensa de la ciudad (Lafuente, 1952). En las láminas de la primera parte se representan las víctimas de las batallas y guerrillas, aquí son los cadáveres del pueblo que ha agotado toda su resistencia (Lecaldano, 1975).
Escena impresionante y trágica que recuerda a esos momentos de silencio en que sin decir palabra se dice todo. La técnica de esta estampa coincide con la manera de Rembrandt (Beruete, 1918). Es una de las más impresionantes de la serie (Lafuente, 1952). En el paso del dibujo preparatorio a la plancha se advierte un tratamiento más abstracto de la muerte (Sayre, 1974). La descarnada simplicidad se muestra con los cadáveres envueltos en sudarios como único féretro (Lecaldano, 1975). Notas históricas y referencias literarias contemporáneas a los hechos del hambre hablan de la saturación de los hospitales de Madrid (Vega, 1992).
Profesión de fe del autor (Mélida, 1863). Aunque otras interpretaciones defienden que no traduce más que un estado de ánimo o la expresión del escepticismo ante la guerra e incluso la paz, todo es vanidad ante la muerte. En la colección de pruebas de estado que conserva la Biblioteca Nacional, en esta aparece una huella dactilar del propio artista (Beruete, 1918). Esta estampa es una descorazonada balanza de la inutilidad de los sacrificios de la guerra (Lecaldano, 1975). Aunque muy oscurecidas en el estado final, se identifica en el fondo de la izquierda la balanza de la justicia que es amenazada por las oscuras figuras que surgen en la derecha de la imagen. También el cadáver sujeta en su mano una corona (Glendinning, 1977).
La figura yacente es la nación española esquilmada (Mélida, 1863). Haber dictado contra el bien general trae las resultas de que los vampiros chupen la sangre de las víctimas (Beruete, 1918). Aves nocturnas que simbolizan la injusticia se ensañan chupando la sangre del cuerpo agotado del país despedazado por la guerra, las divisiones internas y las persecuciones (Lafuente, 1952). El ¡cono se relaciona con la obra de Füssli El íncubo (Bozal,1983). Los vampiros y el verbo chupar son utilizados como símbolos de la corrupción y el robo. Como Saturno, Fernando Vil y sus agentes eclesiásticos devoraban el país por medio de represiones, impuestos abusivos, y una política inepta (Roche, 1988).
De nuevo Goya vuelve a ridiculizar a los frailes, aunque con el lógico miedo a la Inquisición restablecida (Molida, 1863). El pajarraco del primer término tiene una vestimenta ambigua, pues puede ser fraile, magistrado, universitario o militar, y en el dibujo preparatorio aparece con un sable (Lafuente, 1952). Goya critica aquí a ideólogos y políticos que pontifican con grandes palabras pero en cuyo sentido no creen (Lecaldano, 1975). La estampa pudiera estar relacionada con el cardenal Luis María de Borbón partidario de los liberales, que salió a recibir a Fernando Vil con orden de no reconocerle como rey si no juraba la Constitución, pero se contradijo al besar la mano que le presentó el rey (Vega, 1992). 80. ¿Sí resucitará? Aguafuerte y bruñidorGoya profetiza que las ideas no se destruyen, solo pueden oscurecerse por efecto de las circunstancias (Mélida, 1863). De los personajes que la atacan desde el fondo oscuro están, además de los habituales inquisidores, monjes y juristas, representa a los que le agreden con argumentos impresos representados en el hombre con un enorme libro, y los violentos qué abandonan las teorías y le golpean físicamente (Yriarte, 1867). La estampa preconiza la resurrección que tras el golpe de estado del general Riego en enero de 1820 abre un nuevo período constitucional hasta 1823 (Dérozier, 1976). |